Una vez que entramos en la zona de los pueblos de Torla y los anteriores: Broto, Fiscal, Llanos de Planduviar, etc., todos los lugares que miramos en CaraMaps y park4night tenían comentarios de que habían puesto carteles con prohibiciones no solo de acampar sino también para pernoctar y que la guardia civil pasaba y apuntaba las matrículas o los echaba…y claro, aunque todos sabemos que no pueden prohibirte aparcar, es un rollo que venga la guardia civil a echarte, o que te multen y luego tener que recurrir y toda la pesca. Así que después de parar en 3 lugares super guapos en los que no había nadie pero que estaban custodiados con el cartel de prohibición y las experiencias de la gente en esos lugares, terminamos llegando a Torla y eran ya más de las 8 de la noche. Torla es el último pueblo antes de llegar a la pradera de Ordesa y durante los meses de verano dejas tu coche en el aparcamiento del pueblo y hay habilitados autobuses que suben y bajan a la pradera desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche. Paramos la furgo en el aparcamiento, donde había varias furgos y autocaravanas y preguntamos a un chico que estaba en una furgoneta que nos dijo que por allí no decían nada por pasar la noche, así que aunque no había ningún solo sitio recto, allí dormimos las dos noches que pasamos en Ordesa.

Al segundo día, asumiendo que con l@s niñ@s no había posibilidad alguna de hacer un pateo, decidimos subir a Bujaruelo, eso era apuesta segura. San Nicolás de Bujaruelo es otro valle cercano al final del cual se encuentra el Refugio y camping con el mismo nombre.

Están situados al lado de un río cruzado por un puente de piedra, una imagen que te enamora. Siempre.

El río bajo el puente tiene una orilla que permite el baño, aunque es solo para valientes! El agua fría de deshielo se te clava como puñales en las piernas. Si te tiras de golpe te oprime el pecho y si metes mucho rato la cabeza te duele el cerebro. Sin embargo, much@s se meten, un@s solo los pies, otros hasta la rodilla y otr@s se bañan durante largo rato. En todos los casos, es un baño tras el cual te sientes renacer, y es imposible no quedarte con la sonrisa en la boca mientras miras como los demás que van llegando pasan las mismas etapas que tú al meterse: el caminar ortopédico por la orilla de rocas, las caras de todo tipo producidas por el frío del agua clavándose hasta los huesos y los gritos de impresión. Además de quedarte embobado mirando el paisaje en sí que es una estampa maravillosa (pincha en las fotos para ampliar).

Además en el Refugio de Bujaruelo hacen unos bocatas, ensaladas y unas judías para chuparse los dedos!

Antes había un pequeño aparcamiento y está vez nos sorprendió encontrar que habían habilitado un aparcamiento enorme por detrás del camping, sobre la hierba. Sin embargo encontramos un cartel pequeño en un palo bien alto en el que había una única señal: prohibido pernoctar. 😯.

Pasamos el día en el valle, comimos, jugamos, paseamos, vimos vacas y por supuesto, como cada vez, nos bañamos.

 

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