Ordesa tiene como un campo magnético que nos atrae. Siempre acabamos yendo, aunque sea para dormir una noche en un camping como ocurrió en nuestro último viaje con la California cuando Roberto tenía 4 meses. Nos desviamos unos 20 km solo para acercarnos a las montañas del Pirineo Aragonés que nos rechiflan, porque ¿cómo vamos a pasar tan de cerca y no ir?!

Ahora ha vuelto a pasar, aunque ya lo sabíamos. Era inevitable. Ya le sucedía a mis padres, que cuando tenían 18 años se pegaban un mes acampados arriba, al lado el refugio de Goriz. (pincha en las imágenes para ampliarlas)

Y en su primer viaje con la vwt2 a la Peni cuando yo tenía 1 año, ¿por dónde pasaron? Exacto. Y se encaminaron valle de Ordesa hacia arriba conmigo atada. Sí, auténticos porteadores occidentales hace más de 30 años, para que digan que lo de llevar a l@s niñ@s encima son modas de ahora! Jejeje. Subieron hasta las gradas de Soaso pero me empecé a poner morada del frío… Así que tuvieron que bajar.

Luego recuerdo volver con 6 años y unas cuantas veces más en las que ya caminamos los 4, mis padres, mi hermana y yo, todo el valle. Tengo imágenes grabadas que se entremezclan de las diferentes ocasiones, no tengo esas fotos en mi disco duro 😣.

Más tarde ya con nuestros veintipico años volvimos a retomar esas andadas pero ya en plan pro. 15 días de verano en una casita rural de Torla y a caminar: senda de los cazadores, faja Racún, faja de las flores, Torla-Ordesa por Turieto, valle de Bujaruelo desde Torla, etc. Pero el objetivo siempre el mismo: el Monte Perdido.
Las aventuras son variadas e infinitas y no cabrían en esta entrada, ja, ja.

En la última aventura se unieron también mi cuñado y David, y por supuesto papá Ligrón, que entonces no era papá sino solo Ligrón, quedó prendado también de tan imponente belleza de montañas de este parque Nacional.

Así que como veis, era inevitable acercarse. Ese imán tira de nosotr@s irremediablemente, aunque sabíamos que solo sería para deleitarnos con las vistas y algún pequeño paseo. Roberto y Greta están en ese momento en el que no caminan tanto, pero si los cargamos no podemos llevar lo necesario para estos pateos. Lo sabemos y nos adaptamos a las necesidades de tod@s. Pero sin resistirnos a la llamada de Ordesa.

Buscamos el parque infantil que recordaba había en el pueblo y ¡qué sorpresa! lo han reformado y está genial!! Y se vuelve nuestra terraza con vistas que David y yo miramos con ganas…

Paseamos por el pueblo recordando todas las veces que hemos caminado por ellas con millones de agujetas y dolores de todos los tipos, de esos que se llevan con orgullo ja, ja, pero intentando ir lo más recto posible y sin cojear, caminando por los adoquines, que no se note. Mi padre nos enseñó a no ser peliculeras ja,ja,ja. Ahora el plan es otro. Paseamos por la calle negociando con l@s niñ@s si compramos o no un helado… hemos tenido que poner una norma: helado solo un día a la semana, que obviamente en la negociación se llegó a que sería el día en el que estábamos….ja,ja,ja

Antes en el pueblo había una empresa de deportes de aventura: Guías de Torla, ahora hay muchas!, Vamos a la tienda de montaña pequeñita del centro del pueblo, aunque ahora hay también unas cuantas más, y David se compran un pantalón, como el que se llevó la última vez…

Luego hacemos el comienzo de la senda de Torla -Ordesa por Turieto, aunque se podría decir que simplemente bajamos al río, pero nosotr@s sabemos a dónde va ese camino y decir su nombre amaina un poco ese gran anhelo montañero que nos inhunda.

Jugamos con las piedras, remojamos los pies en ese agua helada que se clava como puñales, investigamos bichitos de las piedras y del agua yy no deleitamos con las vistas que no nos cansan  hasta que cae el Sol.

Torla y Ordesa están en mi corazón. En esa parte sentimental inexplicable de tu cuerpo parecida a la del lugar en el que naciste. Tendrá ese huequito siempre.

No sabemos dónde terminaremos viviendo, pero uno de nuestros deseos es estar cerca del Pirineo y, cuando vuelva a llegar el momento, caminar y caminar montañas.

La montaña es ese lugar en la naturaleza en el que nos sentimos en paz, donde la grandeza de la Tierra nos sitúa en nuestro infinitesimo lugar en el mundo a la vez que nos invita a soñar, y soñar en nuestro lenguaje es la invitación a vivir!

 

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