La primera vez que llegas a una escuela libre te relacionas con conceptos como: no dirigir, observar, no intervenir, no juzgar, acompañar, validar, etc. Todo esto viene genial cuando los peques son muy peques para pararnos los pies y cerrarnos la boca con todas esas frases de «no subas, no corras, cuidado que te caes, más despacio, más deprisa, así no…». De repente el ejercicio es contener todas esas expresiones, aprender a callar muchas veces y a utilizar otras palabras y formas para acompañar situaciones que entrañan peligro para ell@s o incomodidad para algún otr@, en otras ocasiones.

Toda esta parte de pararse y revisar cómo nos expresamos, qué nos hace sentir, qué nos provoca, frenarnos, transformar las palabras, escuchar, está muy bien. Fue un trabajo, que sigue siendo porque es constante, que en mi caso me encanta hacer, me reta a mí misma, me cuestiono todo una y otra vez y eso me gusta. Sin embargo, y hablo de mi experiencia y desde mi visión, una vez integrada esta forma de relacionarte así, y ya no con tus hij@s, sino con todas las personas (incluida tú misma), viene una segunda parte.

Cuando en lugar de frenar su acción, cambiando el automático «No» por la observación, se da que les permites investigar y explorar más allá del papel, fuera de tu visión limitada de para qué es cada cosa.

La gran mayoría llega a este tipo de proyectos educativos no buscando un programa académico, sino un trato humano, que escuche a tus hijos como tú lo haces. Cuando encuentras algo así, respiras y agradeces por haber descubierto esta opción, que te parece tan lógica y natural que cuando todo encaja llega la calma. Cuando esa parte humana, de escucha, de acompañamiento emocional pasa a formar parte y se integra dentro de tu normalidad entonces comienzas a fijarte en los demás detalles, los pedagógicos, educativos y de acompañamiento del aprendizaje. Como venimos con nuestra mochila de carreras y títulos, yo miré hacia los niños más grandes del proyecto y me pregunté ¿Podrán ir a la universidad? Jaja, sí, ahora me río, pero es la pregunta que todas las familias se hacen, para la cuál, antes o después encuentras la respuesta. Podrás leer sobre esto en este blog próximamente.

De aquí nació originalmente nuestro proyecto de viaje, visitar escuelas libres con niños más mayores para ver cómo funcionaba esta educación en términos académicos. Pero esto es otra historia. Hemos estado en algunas escuelas libres diferentes, en encuentros de educación alternativa y vivido y compartido tiempo con familias de filosofías similares. Siempre se repiten los mismos términos: Educación libre, no directiva.

Según el proyecto, la manera de entender esto varía. No dirigir para muchas significa no intervenir, no proponer, no explicar los materiales que hay… Y no intervenir puede significar ser un observador casi invisible, estar ahí, pero no estar… En una ocasión conocimos una familia que no quería que hubiera libros en el espacio porque eso también era dirigir… Hablamos de infantil.
Seguramente no lo explico bien porque nunca me resonó esa manera de estar, de ser. Reflexioné mucho sobre todo esto, dentro y fuera de los proyectos. Me gustaba respetar el espacio y los tiempos, no estar siempre detrás, pero no me gustaba la parte de no ser yo, es decir, de anularme como persona para ser solo observadora. Aprendí a relacionarme con respeto y sin juicio, pero yo soy Carla y tengo opinión que doy si me piden y a veces si no piden también, según la situación y contexto.

Los nombres y etiquetas surgen dentro de un contexto. Decir «no directivo», para la mayoría de nosotros teniendo en cuenta de dónde venimos y la educación recibida, se entiende que: no te voy a decir qué hacer y que eso es lo que hay, no hay ninguna opción más y que el niño va a obedecer…
Normalmente hay una trayectoria de la familia (o proyecto). Cuando haces el cambio, te colocas en esa postura de » solo observo» y más pronto que tarde, cada uno encuentra su comodidad en esa posición. Yo nunca la encontré jaja, como expliqué arriba, yo soy persona activa, compañera en la vida de mis hij@s y por tanto participo. Dejar espacio de sobra para que inventen, jueguen, suban, bajen, mezclen, estén sentados, tumbados, haciendo el pino… ¡genial! Al principio con explorarte a ti y lo que tienes en el entorno más cercano es más que suficiente para ell@s. Una vez explorado todo, ¿ya no hay nada nuevo? Se empiezan a aburrir y algun@s dicen que el aburrimiento está bien para que desarrollen la creatividad. Sí y también no. A mí me faltaba la oferta, la propuesta, los y las modelos, no uno solo, ¡muchos! Incluido el mío, claro. La no directividad aquí para mí es que te ofrezco un abanico de posibilidades, de invitaciones, de ofertas, no una sola ni tampoco ninguna, aunque puedes elegir no hacer ninguna, y estará bien, ahí está la diferencia. Ofrecer opciones y oportunidades antes de caer en el hastío…
Incluso al preparar un espacio estás poniendo de ti, lo estás diseñando bajo tus creencias y filosofía y es perfecto, pero también cada persona como tal, sin censura, pero siempre con respeto, tiene valor y aporte para esas pequeñas personas y comunidad en general. Todas somos aprendices de algo y maestras de algo. Todo es intercambio. E incluso en un espacio que ya se conocen de sobra, se puede seguir profundizando y descubriendo cosas diferentes, pero alguien tiene que mostrarte cómo, dónde e incluso con qué mirar.

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Fíjate en Roberto detrás, imitando lo que los adultos hacen. Mirábamos monedas antiguas con un amigo que sabe bastante del tema. Él pidió su lupa e investigaba algunos de los billetes

-No-directividad y libertad-

Entonces, si proponemos y ofrecemos, los niños no son libres, ya les estamos influenciando ¿no? Esto yo jamás lo había pensado y me hizo reflexionar cuando me lo dijeron porque no estaba de acuerdo. Al menos tal y como yo entiendo la libertad.

No dirigir es una cosa, niños/personas libres, es otra. Para mí la libertad de mis hijos, de cualquier persona, es que pueda elegir lo que quiere hacer, quién ser, cómo y cuándo, dentro de todo el contexto que le rodea. Como yo trabajé en un laboratorio, han visto mucho de ciencia, si yo fuera flautista, me escucharían tocar cada día, pero no lo soy. Si fuera panadera, seguro que irían llenos de harina y sabrían más de masa madre que mi yo real ahora mismo. Si fuera profe de yoga, alguna postura irían haciendo por ahí. En un espacio había una carpintería y David explicó a los niños y niñas sobre los EPIs, pusieron señales y algunas normas de uso. Yo di varios talleres sobre lo mío que era cristalografía, química. Cada padre o madre era valioso con su presencia porque niños y niñas se relacionan con todas las personas cuando tienen/son algo que les llama la atención, que te da curiosidad, te interesa y quieres saber. Si un adulto está podando un árbol el peque puede ayudar, claro, sin embargo, en otro espacio se podaba en horas en las que no había niños, para no influenciar. En otro las familias eran siempre bien recibidas y a veces alguna mamá iba y se sentaba a leer, escribir, trabajar y algún niño venía y le preguntaba «¿qué haces?» Y así de fácil comenzaba la conversación. Donde nacemos, la cultura que nos rodea, la recibimos y la tomamos como nuestra porque es lo que a nuestro alrededor sucede todo el tiempo. Los niños comen con las manos, pero nos ven con una cuchara y quieren la cuchara, si estuviéramos en Asia lo que me quitarían de las manos sería los palillos y en India nadie le diría a un niño «con las manos no se come» y en la cultura árabe aprenderás que se come con la mano derecha.

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En el laboratorio de la Universidad donde trabajaba, mirando cristales que fabricábamos a través de la lupa

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Revisando partes de debajo del capó del coche.

En mi opinión, no solo es inevitable el influenciar, sobre todo cuando ya no separas aprendizaje y educación de la vida en sí misma, es que es necesaria esa influencia exterior del entorno y cultura, la oferta y la exposición a nuestra familia y a personas y entornos variados. Todo esto unido y acompañado ayuda a cada persona a encontrar su identidad dentro de esa diversidad, su pertenencia a si mism@ sobre todo y en la mayoría de casos con raíces, olores, sabores, y tradiciones y formas de hacer que le confieren toda esa influencia, que él quiera adoptar o no, de su historia. Si nadie te lleva a ver un tren o te lo cuenta, al niño no se le va a ocurrir un tren, no se trata de volver a inventar la rueda, se trata de mostrar lo maravilloso del mundo y si yo me asombro al ver una mariposa el niño la mirará también. Es la riqueza de la vida, las personas a tu alrededor te ofrecen esa diversidad y por eso se necesita ¡una tribu para criar!, para ofrecer esa variedad. Lo de ser invisible… A mí me parece muy raro😂😂 porque ya lo dice la física cuántica, una vez miras ya has influido.

tribu

A continuación te dejo un texto que dentro de este artículo queda bastante friki, pero es de donde yo vengo y lo que soy ahora. Me gustan los paralelismos y las analogías. Todo es transversal y podemos encontrar un universo dentro de otro, aunque nos empeñemos en separar y categorizar todo por bloques y asignaturas, lo cual es necesario en muchas ocasiones para ordenar y recordar, pero no elevar muros tan altos que no podamos saltar de una cosa a otra.
Si no te interesa puedes saltarte esta parte, aunque es una explicación muy buena a nivel macroscópico de la acción de medir en física cuantica, donde han usado un ejemplo muy al hilo con el tema de la educación, lo cual hizo que me explotara el cerebro. Aquí te lo dejo:

<<Dentro de la Mecánica Cuántica, el acto de medición tiene ciertas peculiaridades que no es posible encontrar dentro de la mecánica clásica. La peculiaridad más obvia es que en el mundo sub-microscópico no es posible llevar a cabo la medición de nada sin alterar de alguna manera lo que está siendo observado, enviándolo a un estado diferente del estado anterior en que se encontraba antes de ser observado, e introduciendo una incertidumbre inevitable en el acto de medición. Si pudiésemos encontrar un equivalente en el mundo macroscópico, un ejemplo de ello podría ser tal vez el del estudiante aplicado que conoce a fondo las materias que está estudiando. El estudiante sabe a conciencia los temas que se le han encomendado estudiar, sus conocimientos son totales, y sin lugar a dudas es el primero de su clase, merecedor de la calificación más alta que se le pueda dar al grupo. Sin embargo, a la hora de serle aplicado un examen para comprobar sus conocimientos, siempre ocurre que el estudiante se pone muy nervioso, y a causa de su nerviosismo se le olvida todo lo que ha aprendido y a duras penas se acuerda de su nombre. A la hora de entregar las calificaciones, el estudiante recibe una calificación bajísima porque eso es precisamente lo que se obtuvo en el acto de la medición de sus conocimientos. Pero la baja calificación que obtuvo no corresponde de manera alguna con lo que realmente sabe. En este caso, el acto de medición de los conocimientos del alumno alteró de modo tal lo que estaba siendo medido que el resultado obtenido no refleja en lo absoluto el estado “verdadero”.>>

El texto completo puedes leerlo en el siguiente enlace, donde cuentan también el experimento hipotético del gato de Srödingher

http://la-mecanica-cuantica.blogspot.com/2009/08/el-acto-de-medicion.html?m=1

Y con toda esta disertación de mi camino, proceso y experiencias solo añadir que es solo mi visíon, las reflexiones por las que he ido pasando y que he querido compartir. No siempre estamos cómodos con cómo hacemos las cosas, cómo las vemos o lo que nos hacen sentir, pero estár ahí y cuestionarse es lo importante.  No vamos a determinar si el gato está vivo o muerto al abrir la caja, pero sí podemos hacer tanto bien si conseguimos no solo acompañar la crianza de los niños y niñas respetanto sus ritmos y necesidades, sino equilibrando y sintonizando ese acompañamiento con nosotras mismas, nuestra persona, cuestionándonos, pero sin perder nuestra autenticidad, porque eso que somos y eso que hacemos es lo que más observan l@s niñ@s.

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