Siempre me he despertado la primera. El sonido del viento o del mar me recordaban que no estábamos en casa, entonces los ojos se me abrían como platos y me quedaba esperando la hora del desayuno. Mi hermana y yo nos sentábamos en aquel sillón que iba de lado a lado de la furgo, enorme para nosotras, mirando hacia arriba, hacia el pequeño techo elevable color amarillo donde nuestros padres guardaban el colacao, entre otras cosas menos importantes, ji, ji, ji. Me encantaba el mueblito que construyó mi padre para poner un fregadero. El grifo era finito y alto y ¡no tenía manivela! Y abajo en el suelo, había un pedal y si lo pisabas se escuchaba un ruidito y enseguida salía el agua por el grifo, era como… ¡magia!

Lanzarote años 80

En 1982 mis padres compraron aquella Volkswagen T2 de segunda mano por 500.000 pesetas a un compañero de trabajo de mi padre que la había traído de Alemania años antes. No guardo muchos recuerdos de aquella época, pero sí recuerdo que no me gustó que la vendieran, allá por el año 97, y que desde entonces siempre pensaba que cuando fuera mayor tendría una furgoneta. Pero no todo acaba cuando ya no tuvimos más aquella T2. Luego vino la combi, así era como llamábamos a un remolque que cuando acampábamos se abría, cogiendo el doble de su tamaño y se convertía en una tienda de campaña ¡¡enorme!! Y luego de la combi, seguimos con nuestras casetas de campaña de la época, aquellas azules y naranjas de lona súper pesadas con las que mis recuerdos me llevan directamente a las mañanas, cuando al levantarnos en un camping cualquiera en Pirineos, aparecía la tienda llena de babosas negras. Mi hermana y yo nos entreteníamos un buen rato quitándolas de encima. Además, durante muchos años tuvimos todoterreno, primero un Lada Niva y luego un Montero, que no son una furgo, pero nos llevaban allá donde queríamos, por pistas cual coche de rally, incluso participando en competiciones de amigos de radioaficionados y un viaje largo desde Tenerife hasta Teramo, Italia, atravesando toda la península, Francia, los Alpes, parando en campings, descubriendo, conociendo, viviendo. La verdad es que mis padres nos regalaron…el sentir la vida.

Chamonix 1992

Cumbre del Gran Sasso, Apeninos, Italia 1992

La infancia de David también estuvo llena de viajes y contacto con la naturaleza. Entre campings, recorriendo diferentes partes de España cada verano, primero con las mismas tiendas de campaña tipo canadiense, y más tarde en una caravana en la que viajaba con sus padres, sus cuatro hermanos y Troika, una pointer juguetona. Estando acampados en un prado en algún lugar de León, él y su hermana pequeña veían una montaña allí lejos y decían: “mamá, nos vamos a subir aquella montaña”. Cogían sus mochilas con la pertinente cantimplora y unas cuantas galletas bien envueltas en papel de aluminio. Salían, caminaban unos 200 metros y paraban a descansar y a echarse las galletas mientras valoraban la lejanía de la montaña que querían escalar. En el 85 sus padres se instalaron en Tenerife, y entonces David cogió la bici y empezó a descubrir las pistas y montes de La Esperanza, donde vivía con su familia. Además, su padre tenía un todoterreno y juntos se iban a explorar las pistas y lugares de la isla, siempre queriendo descubrir todos los caminos, ya fuera sobre ruedas o caminando.

Cantabria años 80

En 2010, un año después de encontrarnos David y yo, compramos nuestra vwt4 California. ¡¡¡No me lo podía creer!!! Sabía que algún día tendría una, pero nunca imaginé que fuera ¡ya! Y nuestro primer viaje fue a Gran Canaria a hacer caída libre, menudo par nos juntamos, ja, ja, ja. Desde entonces, hemos ido un par de veces a la península con la furgo, una de ellas cuando Roberto tenía tan solo 5 meses. Pero el barco es bastante caro, así que la mayoría de las veces nos dedicamos a viajar entre islas o simplemente a perdernos por los paisajes de Tenerife. Nos encanta la desconexión que aporta una sola noche en cualquier lugar mirando las estrellas, o ver el sol ponerse encima del océano, dormirse escuchando la brisa en las copas de los árboles y el despertar escuchando los pájaros con el sol filtrándose por algún agujerito de la lona del techo. Levantarte y poner los pies en la tierra nos conecta con ella, nos devuelve a lo que somos y nos hace sentir libres.

Embalse de la Toba 2011

La llegada de nuestra maternidad, paternidad y la crianza de nuestr@s hij@s, arremetió contra nuestras vidas de forma tal que clavamos los pies en el suelo parando en seco, aunque la frenada ha sido de unos cuantos años. Hemos ido frenando, frenando, poco a poco, poco a poco, siendo cada vez más conscientes de cómo todo se mueve tan, tan deprisa que no hay tiempo para mirar donde tenemos la cabeza, ni casi por donde caminamos, vamos desconectados… A lo largo de esta frenada, nos transformos, revolucionadonos por dentro y decidiendo tomar las riendas de nuestra vida apartándonos un poco del molde exterior, ese en el que en teoría debemos encajar. Y esta revolución no podía ser de otra manera que ¡¡en furgoneta!!

vw T4 Califronia con niños – 2017

Así, como muchos ya sabéis, la furgo ha sido nuestro medio, que no nuestro fin para lanzarnos a la búsqueda de nuestras mariposas. ¿Y esto que quiere decir? Pues que nos ha dado la posibilidad de marcharnos, dejarlo todo, entendiendo por todo, una casa, coche, lugar de residencia, rutinas y horarios de trabajo impuestos e imposibles para la conciliación, ya no solo con la familia, ¡sino con la vida! De esta forma, vendimos todas nuestras cosas y la furgo se convirtió en nuestro hogar, eso sí, cambianos la vw California T4 por una Mercedes Sprinter, una gran volumen con un poquito más de espacio para esta aventura. Después de un año de camperización, mientras vendíamos todo y desmontábamos una vida, el 20 de Julio de 2018 salimos de Tenerife sin billete ni lugar de vuelta. Un viaje de reinvención personal en el que familia, trabajo, disfrute y satisfacción personal se encuentren. Esa era la idea…

Hoy, más de año y medio en este viaje que es vivir, hemos avanzado hacia esa fórmula y continuamos. Seguimos construyendo y dando forma a nuestras pasiones y talentos para transformarlos en oficios. Este viaje es, como todos al final, hacia el interior, y hacerlo en furgoneta nos da la posibilidad de poder vivir allí donde queramos y de poner rumbo hacia nuestros sueños, ya que son ellos los que saben el camino. Desde nuestra infancia montando tiendas de campaña, construyendo con palos y cuerda, oliendo tanto el salitre como la tierra mojada por la ventana de la furgo, recorriendo senderos y buscando la naturaleza, disfrutándola en familia, ahora caminamos nuestra propia aventura, más allá de nuestra furgoneta. Allí está la vida camper. 

Y mientras, en la Ligroneta, sonrío en silencio cuando los niños me preguntan dónde está el colacao.

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